Niños

Crianza y atención a la infancia en los primeros años de vida

Los sensibles inicios de la vida de una persona son de gran importancia, suponen los solares para el bienestar del  Alma y del cuerpo hasta el final de su vida.

Nuestro temperamento innato, y los vínculos y acontecimientos con que vivimos el inicio de nuestras vidas son los solares a partir de los que se conformará nuestro carácter y por lo tanto, nuestra vitalidad y alineamiento con las situaciones que surgirán a lo largo de la vida hasta la edad adulta.

La mayoría de bloqueos psicológicos (inseguridades, miedos, dificultades de relación, pérdida del sentido de identidad,…) y sus consecuentes manifestaciones físicas (síntomas o enfermedades) encuentran su origen en el periodo que transcurre desde la concepción hasta los seis primeros años de vida.

Conocer que conexiones se producen en el cerebro durante estos primeros años y cómo podemos sostenerlas nos permitirá apoyar el desarrollo de nuestros pequeños así como, abordar con más consciencia en el entendimiento de nuestra manera de ver y afrontar los acontecimientos que a lo largo de la vida nos van surgiendo. Amplitud de consciencia que nos acercará a la transformación en luz de aquellos aspectos que nos aportan sufrimiento.

Una crianza que respete el tiempo y el ritmo del bebé/niño, y que sostenga su desarrollo de en las diferentes edades será garantía para que el individuo disfrute de un carácter autoregulado, armónico y equilibrado, fruto de haber pasado las diferentes etapas de su desarrollo sin fijaciones o bloqueos.

Medicina y Aventura del Alma

 La idea de crear este apartado para niños surgió del interrogante acerca de cómo sería nuestra sociedad si todos nosotros, desde edades bien tempranas, hubiésemos entrado en contacto con aprendizajes tan intuitivos y creativos como el que nos brindan los paradigmas de la Medicina y Aventura del Alma.

A medida que nos alejamos de nuestros primeros años de vida, vamos perdiendo esa espontaneidad, ese movimiento natural y directo, esa capacidad de atrevimiento y de conquista del placer. Nuestros cuerpos van empequeñeciendo en capacidades sensoriales y expresivas. Entonces, aparecen las resistencias del vivir cotidiano que se transforman en tensiones musculares, en bloqueos o en enfermedades. Las experiencias tempranas frustrantes, los movimientos cada vez más estereotipados, el atrofiamiento de las capacidades para expresarse, para sentir, para sentirse, para abandonarse a las sensaciones, para jugar con la propia energía, y por tanto para comunicarse quedan autolimitadas por uno mismo.

Y si nos hubieran enseñado a observar y escuchar nuestro cuerpo…

Y si nos hubieran enseñado a explorar cómo cada uno de nosotros creamos nuestra propia realidad…

Y si nos hubieran enseñado a conectar con nuestra creatividad…

Y si nos hubieran enseñado a guiarnos por nuestra intuición…

En las instituciones educativas convencionales como bien sabemos se priorizan los procesos de enseñanza-aprendizaje basados en el nivel consciente de nuestra mente. También los contenidos conceptuales se potencian más que los procedimentales y los actitudinales.

 

Espacios claros y limpios en los primeros años de vida

Alimento del Alma: Espacios claros y limpios

Es principalmente en los primeros años de vida en que los niños necesitan experimentar para entender e interiorizar conceptos clave en su comprensión del mundo.

De ahí que habilitar espacios claros y limpios en casa donde el niño pueda jugar con libertad y seguridad será importante. Nuestros pequeños ya podrán pues, empezar a relacionarse con este preciado alimento del alma. Además, poner objetos cotidianos en tales espacios que puedan convertirse en juguetes improvisados será interesante. Espacio y objetos propiciaran un apasionante terreno de juego para que el pequeño experimente. El juego será su mejor aprendizaje.

En muchos hogares no se tiene o bien no se dispone de un espacio con tales características para que el niño pueda crecer desarrollando su creatividad. En los primeros años de vida el deseo de explorar es más fuerte que el deseo de hacer caso de las advertencias que muchos padres se pasan el día haciendo. No toques eso, no abras más ese cajón, cuidado con el jarrón, no más tires la ropa al suelo… Lo que parece ser desafío es sólo su curiosidad natural por descubrir cómo funciona el mundo; por desarrollar y dejar fluir sus impulsos naturales e innatos. No será hasta más o menos los 3 años cuando la habilidad para controlarlos estará desarrollada.

 

La distracción de su atención a otras cosas en un espacio donde disminuyan el número de veces que tengas que decir “no”, así como la habilitación de un espacio claro y limpio por pequeño que sea propiciará la armonía en la relación padres-hijo o cuidador-niño. Si bien un bebé podría ser capaz de entender la palabra "no" a partir de los 6 meses, no dejará de hacer lo que estaba haciendo cuando le dices "no" hasta mucho después, porque como se ha dicho aún no tiene tanto control sobre sus impulsos.

 

A partir del año y medio, el niño debería entender cuando le explicas que el plato está caliente o que las plantas no deben de arrancarse, pero entender y resistir la tentación de tocar son dos cosas muy diferentes. No podemos esperar que el niño entienda u obedezca reglas establecidas hasta que tenga al menos 2 años de edad. Y aún entonces no entenderá el porqué de la mayoría de tus reglas hasta que esté cerca de los 3 años.

Es alrededor de esta edad que los niños tienen el lenguaje y las habilidades cognitivas necesarias para entender las consecuencias de sus actos. Antes de los 3 años, no necesariamente recordarán que aquello que te molestaba hace tres días, hoy tampoco está permitido. Pues, no tienen la capacidad de memoria tan desarrollada.

Aún así será necesario que se repitan las instrucciones constantemente porque hasta que tenga 4 años de edad no podrá entenderlo sin necesidad de que se lo recuerdes. Ten en cuenta que un niño se topa con situaciones nuevas varias veces a lo largo del día, y lo que puede parecer una regla obvia para ti, podría no tener sentido para él por lo que deberás explicar y repetir las reglas constantemente.

Así pues, disponer de al menos un espacio claro y limpio en la casa donde el niño pueda experimentar e investigar en su nuevo mundo tan enormemente mágico y fascinante para él será un aspecto muy importante tanto para su desarrollo como para conciliar una buena armonía en el triangulo relacional padres/cuidadores-niño-espacio.

Para más información puedes ponerte en contacto con Cristina Cardona pulsando AQUI